12 abr. 2013

Pequeños Trastornos Sin Importancia en una noche típica de Primavera

Sala Sol, 10 de Abril

Alguien o alguienes me enseñaron que hay que racionalizar, hacer del conjunto pedacitos, cuanto más minúsculos mejor para una comprensión y asimilación correcta del Todo. Así es como debería enfrentarme al Gigante para abarcarlo en su complejidad...

Error grave.

Menos mal que siempre he sido una rebelde pato-lógica, puede que por genética o como reacción natural provocada por la exposición a una serie de estímulos negativos o excesivamente rígidos para un cerebro en desarrollo. Si me dicen A, yo pienso en B, si B me piensa, encuentro a un C...y ese desviar mi atención hacia lo que no es ortodoxo me lleva a contemplar al objeto que me atrae esta noche sin racionalizarlo ni disgregarlo en pedacitos comprensibles. Me decanto por un acercamiento instintivo e intuitivo, dejándome llevar por las sensaciones que me provoca. Asi pues, olisqueemoslo, escuchemos sus ruiditos, toquemosle si es que nos da permiso (en formato CD "Pequeños trastornos sin importancia" o libro "Peaje" en zona del Merchandising) y por favor, NO racionalizar. En fin, dejemos que el animal se exprese libremente y entonces será cuando empecemos a entendernos con él.


Por cierto, es Primavera, la estación loca. Puedes salir a la calle en camiseta porque hace un sol espectacular y a la media hora ponerse a granizar, por no hablar del viento frio y caliente a la  vez que va y viene en cualquier dirección. Insoportable y sin embargo es el momento en el que todo florece. La estación del amor como clásicamente se la ha denominado. Esto va a ser el Amor. Algo que se siembra con mimo y constancia sorteando los avatares meteorológicos, si lo que quieres es disfrutar de sus flores.

Así, siguiendo los ciclos naturales, Julio de la Rosa recoge ahora la cosecha que lleva trabajándose desde hace dos años: Un disco, un libro, alguna banda sonora nominada a los Goya y por supuesto muchos amores de diversa profundidad que son los que esta noche llenan la sala de conciertos más caliente de la capital.

Los focos iluminan al animal gracil como una gacela y de voz profunda como un tiburón de dientes afilados. Me encuentro muy receptiva, seguramente por motivos biológicos. Es por este motivo por el que he quedado un par de horas antes del concierto para jugar al tenis de mesa en el Home Burger Bar (algo completamente irracional) ¿Quién con dos dedos de frente se va a las 8 de la tarde con su raqueta en el bolso a una hamburguesería? pues D y yo porque nos hemos enterado que en la planta baja hay una gran mesa de ping pong y apetece. Punto.


Ahora si, despues del deporte estoy preparada para ver en directo a Julio y sus "Pequeños trastornos sin importancia" Me reuno con F, G y H, el recinto está lleno de otras muchas consonantes, algunas repetidas y por supuesto muchísimas vocales, porque ¿que sería de las consonantes, que se creen tan importantes, sin las pequeñas vocales? pues un ruido ridículo, muy alemán, demasiado frío y absurdo. Prueben.

El cantante escudriña el escenario detrás de las cortinillas rojas. Hay un revuelo bastante educado... recordemos que estamos en un entorno indie, mucha barba, mucha gafa, mucho postureo. Se oyen comentarios como: "Ay pues me lo imaginaba más mono"  "Yaa, pero es alto"  "¿que? "este tio es un crack, hace música con una máquina de escribir" "¿que nunca lo has visto en directo?? pues, ya veras, ya veras". Por fin el animal sale brioso. Canción tras canción se van uniendo los componentes de su banda: Jorge Fuertes (We Are Standard) batería,  al bajo Jaime Olmedo (Bandini), Cecilio Santiago (Bandini), percusión y el guitarrista Dani Llamas. Julio ha elegido para si una guitarra tremenda que afina con ayuda de un arco de violín.

Superconcentrado, la boca pegada al micro, los ojos cerrados, el artista se mueve con libertad. Comenta poco. Fluyen los temas de forma ultranatural, sin postureo precisamente. Da la sensación de que J siente lo que canta, no es un fingidor. Lo vive intensamente. Su musica es él mismo o se interpreta a si mismo. Me viene una  imagen del disco en la que el cantante posa frente a una fotógrafa, en un ambiente desértico, con una pierna levantada haciendo equilibrio. Bien podría estar haciendo Tai chi o bien pisando un escorpión.

Apesar de que los temas estan envueltos en un tono rockeril que invitan al menear el cuerpo: El Traje o la fantástica Sexy, Sexy, Sexy de su anterior trabajo La Herida Universal, no hay mucho bailoteo desatado entre el público y si mucho bla bla.  Pues nada... las consonantes barbudas parecen contenidas, las suaves vocales en segundo plano... si no te dejas llevar es que estás racionalizando ¿en que estarán pensando? me pregunto. Echo un trago para facilitarme el paso del oscuro estado racional al emocional. 

Pequeños Trastornos Sin Importancia está plagadito no sólo de pistas musicales, sino de un plantel de voces increibles que desgraciadamente no se pueden subir todas esta noche al escenario. No cabrian. Aconsejo la escucha para ir descubriendolas tranquilamente, asi como el sinfin de sonidos procedentes de instrumentos de nombres exóticos: water phone, kalimba, metalfono, tampura, jangu, tongue drum, dubra veena... Ainara Legardón, Anni B Sweet, Nahúm García, Ana Franco, Xoel Lopez, Bunbury, Josephine (Boat Beam),  Nieves Lázaro, Miren Iza (Tulsa) estas tres últimas si se unen esta noche a la fiesta.


Colecciono Sabotajes, Gigante, Tarde a todas partes, Glorieta de Trampas... Cuanto dolor y de pronto Kill The Mosquito. Una reminiscencia del pasado del Hombre Burbuja que nunca cansa. Ese mosquito impertinente que no deja de zumbar en una tarde de verano plácida.

Miren Iza (Tulsa) se une a Julio para dejarnos con la boca abierta y el alma encogido  "dejaste un corazón lleno de escombros, tierra yerma, vidrios rotos, que postal, jamás me vuelvas a buscar..."  dedicada a una X narcisista. Es imposible describir las sensaciones que este duo produce en mi cerebro (o ¿en el corazón de mi cerebro?) Cuantas veces me habrán acompañado en mis viajes, cada uno por separado y nunca me canso. Escucharlos juntos me provoca un placer extraño y ganas de llevármelos a recorrer las playas de Norte a Sur en la típica Volkswagen polvorienta.


Todo termina rápido, ni me entero. Cuando quiero darme cuenta escucho un Que te jodan! (Maldiciones comunes) canción para el desahogo de los sufridores del terrible mal que nos acecha desde el principo de los tiempos llamado Amor.

Desgraciadamente aún no hemos encontrado la medicina que lo elimine eficazmente de nuestra vidas. Sería como eliminar a la mismisima Primavera. Y no, no queremos eso. Asi que el Amor nos seguirá enfermando, transformandonos de cuerdos a locos. Llevándonos a su terreno fuera de toda lógica racional. Cada uno es libre de hacer lo que quiera o pueda con él: ignorarlo, esconderlo, duplicarlo, temerlo, adorarlo, fingirlo, secuestrarlo, bailarlo o pisotearlo como al escorpión. Julio lo interpreta sabiamente dejándose mecer por sus vibraciones, otros se embarcan en expediciones al fin del mundo, algunos lo miran con anteojos, mi tia Pili se pone "Sálvame" todas las tardes, la que aquí escribe bucea con snorkel...