15 dic. 2012

XXI certámen de coreografía de danza española y flamenco


Piedras preciosas en el contenedor del vidrio.

Que los niños sueñan con ser futbolistas y las niñas bailarinas es algo que ya viene de serie en los genes. Lo que no está tan definido geneticamente, sino en la estructura de la sociedad, es que a los niños que no lograron su sueño les queda, de adultos, el premio de seguir disfrutando de su deporte favorito a través de cualquier medio de comunicacíon (birra reciclable en mano) cada minuto del año, mientras que a las niñas se les acaba enquistando su pasión, convertida en una marca incómoda que muchos miran como un cursi defecto de serie, dada la mínima repercusión de la danza y el puñadito escasísimo de representaciones a través de las que revivir el sueño... Ésto define los parámetros e intereses en los que nos movemos.

El placer de contemplar los movimientos de una coreografía expresada a través de unos cuerpos estilizados está tan valorado en el resto del planeta como aquí denostado. Parece ser que está también en nuestra genética española la cosa de  no apoyar a nivel público cualquier talento o expresión artistica propia como en este caso es el flamenco o la danza española. Asi que con el tiempo nuestros futuros talentos o emigran o acaban rotos o reciclados en otros productos más consumibles.


Una de esas niñas, con sueños de bailarina, tuvo el placer de disfrutar de su racioncita de arte durante el XXI Certamen de coreografía de danza española y flamenco celebrada en una de las naves del Teatro Español en el Matadero de Madrid y comprobar, de paso, como está el patio en  el 2012 y si entre el vidrio nos encontramos diamantes en bruto.

 

Con la mitad presupuesto que hace dos años, el certamen, aparte de premiar a las compañías que se presentan a concurso, sirve de plataforma de lanzamiento a las jóvenes y no tan jovenes promesas que intentan sobresalir a pesar de la basura mediática que ensalza la mediocridad artístico-musical, casi siempre desechable y de importación, mientras ignora que estamos en un pais plagadito de auténticas primeras figuras.

Este año se mantiene la calidad y el clasicismo. No ha sido una edición muy arriesgada en cuanto a las coreografias presentadas, exceptuando propuestas como las de Kaari Martin (finlandesa) y Roni Martín, con  El cuervo y el reloj, obra que  homenajea a los flamencos influenciados por las vanguardias de los años treinta y los bohemios de los setenta e interpretada por Mariana Collado.

Otra propuesta que se sale del clasicismo, o más bien intenta unir folklore con modernidad es la de  Quique Peón (gallego) con Amizade.
Por otro lado Minotauro de José Galán, de una estética -etapa oscura de Goya- representa el sentir del encuentro final ante la muerte.

Por lo demás, suma de zapateo enérgico, braceos elegantes y contundencia en las coreografías en las que el flamenco manda. Es el caso de  Sobre Railes de Inmaculada Aranda, una gozada contemplar sus movimientos mezcla de sensualidad, soltura y una técnica muy depurada. Sólo me sobró una espantosa proyección de unas vias de tren sobre el escenario. 

Por otro lado, fue un placer disfrutar de la sensualidad de las coreografías de la escuela bolera y danza española, como la ganadora  Camino de vuelta, de Eduardo Martínez  la compañía invitada el sábado, Rajatabla. Imposible no encandilarse con su sobriedad y técnica. Una vez más, pura elegancia.

 
 
Para Margaret Jova (de origen norteamericano) directora del XXI Certamen, los españoles vinculamos el flamenco a la comunidad gitana y a las clases humildes. No nos sentimos identificados, ni somos conscientes de que se trata de un arte mayor con una técnica a nivel musical y de danza muy compleja. Para aquellos que tanto valoran la música tradicional americana (tan de moda) decir que, asi como el jazz nace de los blues de los negros, con apenas un instrumento y voz, el flamenco nace también de las clases más humildes evolucionando de la sencillez de un instrumento de percusión, las manos o un cajón (dicho sea de paso, de origen peruano e importado en el 1977 por Paco de lucía) y la voz, creciendo hasta una complejidad que muy poco tiene que ver con las representaciones espontáneas que se exiben en las cuevas del Sacromonte"

Quizá no estaría de más mirar con una mente un poco menos estrecha nuestros propios valores y dejar de tirar inconscientemente talentos al contenedor equivocado. 

Y he aquí el palmarés de los finalistas premiados:


 
Eduardo Martínez por Camino de vuelta, Primer Premio de Coreografía
Quique Peón por Amizade, Segundo premio de Coreografía 
Kaari Martin por El cuervo y el reloj, Primer Premio a una Coreografía de Solo 
Vanesa Aibar por Era Silencio, Segundo Premio de Coreografía de Solo
Ex aequo a Cristian Pérez, bailarín en la coreografía de Isabel Pérez y Emilio Martí, Mi versión de los hechos, y Cristina Aguilera, bailarina en la coreografía de Eduardo Martínez, Camino de vuelta, de Premio Fundación AISGE a un Bailarín o una Bailarina Sobresaliente. 
Roni Martin por El cuervo y el reloj, Premio SGAE a una Composición Musical Original para Danza 
Inmaculada Aranda, Premio Suma Flamenca a la joven promesa del flamenco. 
Víctor Martín, Caricias de Hiel, Premio Ballet Nacional de España.
Quique Peón, Premio Conservatorio Superior de Danza María de Ávila
Cristian Pérez, Premio Universidad Europea de Madrid. 
Erika Turunen, Premio al Diseño de Vestuario